Romina

miércoles, 24 de junio de 2009

Comentario del escritor Fernando Gonzalez Lucini

LATIDOS Y “SENTIREFLEXIONES” A LA SALIDA DE UN CONCIERTO DE ALEJANDRO FILIO
Fernando González Lucini

Seis de diciembre de 2008, nueve y media de la noche, Alejandro Filio cantaba en la Sala Galileo, de Madrid.
Últimamente salgo muy poco por las noches. Sólo lo hago cuando necesito encontrarme con algún amigo, o amiga, del alma; o cuando mi cuerpo me reclama asistir a algún concierto muy especial, y yo –que en estos últimos tiempos procuro mimarlo todo lo que puedo– no sé cómo negárselo. Esto fue lo que me ocurrió el pasado seis de diciembre.
Tenía muchísimas ganas de escuchar a Alejandro Filio en directo y aquella era la primera oportunidad que se me presentaba para hacerlo.
Me abrigué todo lo que pude y me encaminé hacia el Galileo.
Cuando llegué, la sala estaba abarrotada. Me senté donde pude y, mientras esperaba a que se iniciara la actuación, pensé que, muy posiblemente, me volvería a pasar lo que me viene ocurriendo, hace ya un tiempo, con bastante frecuencia: pasado un rato me sentiría cansado, empezaría a aburrirme y tomaría la decisión de largarme discretamente a mi casa a mitad del concierto. Situación que se me plantea, sobre todo, a partir del día en que descubrí que –en esto de la canción y del arte, en general– sólo me interesa, y tiene calidad, lo que consigue conmoverme y emocionarme. Conclusión que puede parecer demasiado simplista, pero que es en la que creo, y a la que he llegado tras muchos años –más de cuarenta– de escuchar miles de canciones y de escribir páginas y páginas sobre ellas.
¡Pero no! ¡no fue así! ¡ni me cansé, ni me aburrí, ni sentí la necesidad de largarme del concierto!... ¡Todo lo contrario!
La actuación se inició a las diez y eran las doce de la noche pasadas, y allí estaba yo, disfrutando, aplaudiendo y pidiendo “otra” a coro con el resto de los asistentes, es decir, entusiasmado y como en los mejores tiempos. Alejandro Filio –músico extraorinario–, con su guitarra, su voz y sus canciones –no le hizo falta más–, había conseguido emocionarme.
Hace tiempo que no había percibido tanta humanidad, tanta calidad y tanta sinceridad sobre un escenario.
Alejandro Filio es la más pura esencia de ese género, al que hemos dado en llamar la “canción de autor”; es un creador y un intérprete –de sus propias creaciones–, que sabe navegar, del romanticismo a la denuncia y a la “contestación” –siempre necesarias–, sin apartarse en ningún momento –ni un segundo– de lo que es la esencia del arte: la sensibilidad y la belleza.
El cantar de Filio es bello y sensible cuando se refiere apasionadamente al amor –y a su amor–, y, lo es también, cuando realiza su exaltación a palabras y a necesidades irrenunciables como la libertad, la justicia, la razón utópica, la esperanza o la solidaridad; palabras y necesidades preñadas de una belleza sutil pero, a la vez, inconmensurable, que solamente pueden ser captadas y transmitidas desde la honestidad y desde la más profunda humanidad; cualidades que, para mí, definen el trabajo de este artista mexicano-universal que un buen día, a finales de 2008, inesperada y felizmente, consiguió emocionarme.

Dicen

Dicen que ando por ahí
Retando al porvenir, sin derecho
Por cada sol un corazón
Me robo y la ilusión, compro y vendo.

Dicen que loco me volví
Que ya no queda mas de mí
Dicen las lenguas creativas
Cosas divertidas.

Dicen que rompo la hermandad
Que vivo a la mitad este canto
Juran que el sueño traicioné
Por lo que ayer soñé entre tantos.

Dicen que soy de lo mejor
Cuando les gana la pasión
Dicen y dicen
Y algunos hasta me maldicen.

Dicen que yo me la robé
No saben que ella fue siempre mía
Otros incluso en su obsesión
Subastan la inversión de mi hombría.

Ruegan por que en mi distracción
Pierda la musa en un avión
Dicen que soy un meloso
Y hasta peligroso.

Dicen que un día pagaré
Con sangre por lo que no me callo
Dicen que el cambio no será
Que falta por robar lo soñado.

Dicen que ya me cansaré
Que tiene precio este querer
Dicen y dicen
Y algunos hasta me maldicen.

jueves, 11 de junio de 2009

Mujer que Camina

No conforme con tus ojos
Te propongo menos cielo, más abrazo
Hace tiempo que te sueño
Y ya no se como explicárselo a estas manos

Que se rompe en el espacio
Cuando pasas simplemente caminando
Cuánta estrella llevas puesta en la silueta
Que me sigue deslumbrando

No es la noche ni el café
lo que me obliga a caminar por esta casa
Esta maldita incomprensión
Que no despega de tu cuerpo la mirada

Sigues siendo irremediable
Imprescindible para todo lo que estalla
Como luna irrepetible
Como viento entre las ramas

Mujer para el sol de mañana
Mujer hasta el borde del alba
Mujer que te pierdo y encuentro
Mujer para afuera, mujer para adentro

Mujer desafiando a los astros
Mujer que camina sin rastro
Mujer que me abrazas el alma
Mujer que me robas...
Mujer que me robas la calma

De tu boca tengo el sueño
Cada noche, cada luna solitaria
De tu pecho el medio sol al horizonte
Que se pierde, que se escapa

Sigo siendo para el fuego y el dolor
Para el miedo y el olvido
No me pidas que defina un corazón
Desatándote el vestido

lunes, 8 de junio de 2009

Brazos De Sol

Hoy me vino la gana, que no las musas
hoy no tengo pretextos ni disculpa para cantarte a ti
para escribirte un verso y descolgarte desde aquí
hasta las ganas de la mañana ya por venir.

Hoy primero del segundo del año
mientras esta mujer rompe el espacio para inventarse al fin
para mirarla toda en el silencio y de perfil
tomo sus manos como escenario para existir.

Y es que no importa que digan
que está trillado
hablar de amor que maldigan
si no han probado
la noche en sus brazos de sol.

Se detiene el reloj sobre nosotros
caen las diez que resbalan por sus hombros y se cuela la luz
que se enreda en tu pelo pero la liberas tú
oro y diamante por un instante de tono azul.

sábado, 6 de junio de 2009

"Romina"

Romina viaja tierna y nueva
de campo a estrella
y va subiendo por las teclas
del piano, escalera.
Romina se ha escapado lejos
tras de un conejo blanco
y aunque sabe que la esperan
se va jugando.
Romina lleva caramelos
que arroja del cielo
y cuando llega el aguacero
son dulces los sueños.
Para Romina entre los astros
es un jardín el espacio
y mientras viva la alegría
su día es largo.

Romina si tuvieras tiempo
piensa en mí.
Romina desde que estás lejos
no es sencillo ningún juego
de los que aprendí
para vivir.

Romina canta cuando baja
del monte a algún río
y cuando llega la mañana
los ojos le miro.
Para Romina una guitarra
resonará por siempre
que mientras viva la esperanza
Romina vuelve.

Romina duerme cuando noche
mecida en la luna
y desde allá nos reconoce
nos mira sin duda.
Si cuando el sol que da un domingo
promete un bello día
será seguro que contigo
Romina ría.

Brazos de Sol

Comandante